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  • Surge aqu entonces encarnado en sus argumentos otro de

    2018-10-25

    Surge aquí entonces, encarnado en sus argumentos, otro de los rasgos clave del giro afectivo en su Peptone cost versión crítica: su cuestionamiento de la distinción tradicional entre afectos positivos —como la alegría o el optimismo—, supuestamente capaces de impulsar la acción y los negativos —odio, culpa, vergüenza— destinados Peptone cost detenerla (Tomkins 1992). Así como Sedgwick —tal como señalamos más arriba— rescata la dimensión productiva de la vergüenza, Berlant se atreve a mostrar la capacidad paralizante del optimismo. No quedan ya rastros de una mirada romántica o estigmatiazante sobre ciertos los afectos. Tampoco un apego a la cualidad naturalmente desestabilizadora de la dimensión afectiva. Lo que prima, en cambio, es una lectura feroz sobre los estereotipos capaz de dar cuenta de manera heterodoxa de la dimensión corporal y del rol que juega en la política.
    Tres impactos y un problema a) Lleva, por una parte, a revisar una idea particularmente relevante para las teorías de género como es la de agencia. Se trata de indagar en los modos en que la capacidad de acción, en tanto impulso al movimiento de la política, implica atender ahora a la dimensión afectiva obligando a revisar los modos tradicionales de dar cuenta de este concepto asociado a la acción racional. No se trata meramente de incorporar este aspecto afectivo o emocional a la capacidad de acción —algo que por ejemplo realiza Gould en su estudio de campo—, sino también de atender a los desafíos que implica esta consideración. La agencia no solo deja de poder ser pensada aquí como mera lógica medios-fines —algo en sí mismo poco novedoso—, sino que además cuestiones como el sufrimiento o el trauma dejan de ser conceptualizadas como meras limitaciones que afectan a la acción para pasar a ser parte de ella. Así, la identidad herida —donde la identidad se constituye a partir de un trauma o herida—, propia de los estudios subalternos, logra constituirse por fuera de la dicotomía víctima/agente. El dolor, la vergüenza, la desesperación pasan aquí a promoter ser elementos que complejizan esa distinción: la presencia de cualquiera de estos afectos —asociados a la victimización— pasan a ser también elementos clave en los procesos de empoderamiento de la agencia. Ya no se trata, por ejemplo, de asociar meramente el orgullo a la acción, sino de incluir también a la vergüenza en este proceso. Tampoco, por cierto como señala Berlant, de vincular optimismo a emancipación. Recordemos que para el giro afectivo las afecciones pueden ser tanto acciones —como determinadas por causas internas— como pasiones —determinadas por causas externas— (Clough 2007: 50–53). Tal perspectiva nos hace reconsiderar, no solo la categoría de trauma, sino también el impacto que esas recolecciones tienen sobre la esfera pública. La victimización implica etiquetar una identidad a partir de cierta experiencia traumática. Su pretendido opuesto, la agencia, parece estar impregnado por la perspectiva en la cual el trauma posible ha sido sujetado a un luto que asegura la agencia definitivamente. Desde la perspectiva aquí presentada entonces existe la posibilidad de exponer las experiencias traumáticas a través de una dimensión afectiva que habilita la agencia sin esencializar la cualidad de víctima. Tomando como punto de partida el giro afectivo, la dicotomía víctima/agencia ha sido entonces definitivamente puesta en duda, obligando a revisar una cuestión clave para cualquier teoría de género. Tal como señaló Hemmings (2011: 211), el feminismo occidental ha desarrollado una fetichización de la agencia que es, además, un complemento prístino de la fetichización de la herida. El giro afectivo ofrece entonces la posibilidad de discutir la idea de agencia al margen de ambas fetichizaciones. En otras palabras, las inestabilidades establecidas por las huellas afectivas de lo vivido, lejos de sellar el empoderamiento, por el contrario, lo abren a nuevos significados: la exposición de la vergüenza, por ejemplo, deja de ser paralizante para poder ser analizada como una variable capaz de empoderar.